El cometa Siding Spring rozará Marte

16/10/2014. Por Josep M. Trigo-Rodríguez. Científico titular del Instituto de Ciencias del Espacio (CSIC) y del Instituto de Estudios Espaciales de Cataluña (IEEC), e I.P. del Grupo de Meteoritos, Cuerpos menores y Ciencias Planetarias del ICE-CSIC.

El domingo 19 de octubre tiene lugar un encuentro cósmico que roza la advertencia

¡Bienvenidos a una nueva entrada del Blog Meteoritos y Ciencias Planetarias! Hoy miraremos de cerca unos cuerpos que siempre han sorprendido a la Humanidad. Y es que, posiblemente uno de los grandes peligros a los que se enfrenta la vida en la Tierra, sea que algún día se produzca un impacto directo de la Tierra con un cometa de órbita muy excéntrica.

La probabilidad se antoja baja pero, desgraciadamente, difícilmente cuantificable pues procede de una fuente impredecible. Por un lado, cabe decir que la mayoría de cometas conocidos poseen órbitas periódicas y su integración orbital en el futuro no revela a medio plazo que supongan un peligro directo de colisión con la Tierra a corto plazo. Por ejemplo, las probabilidades de impacto con la Tierra de un cometa de la familia de Júpiter suele variar entre una decenas y varios cientos de millones de años (Ipatov y Mather, 2007). Sin embargo, existe una fuente constante de cometas de la que se descubren varias decenas anualmente.

Tales cometas proceden de la denominada Nube de Oort, un almacén de objetos helados que fueron dispersados en las etapas formativas de nuestro Sistema Solar, mayoritariamente por las perturbaciones gravitatorias producidas por la migración de los planetas gigantes como Júpiter y Saturno.

Resulta realmente difícil de cuantificar ese peligro latente porque los cometas procedentes de la Nube de Oort poseen órbitas excéntricas y distribuidas al azar. También se antojan de composición y estructura variada, dependiendo de su lugar concreto de formación en el disco protoplanetario (Trigo-Rodríguez, 2012). Como los periodos de revolución al Sol de estos cometas suelen ser de cientos de miles de años no han sido previamente observados y, por lo tanto, no hay constancia de su existencia ni tampoco ninguna estimación sobre su comportamiento y dimensiones. Algunos se comportan como frágiles bolas de nieve, como recordaremos por la fragmentación catastrófica del cometa C/2012 S1 ISON, pero otros parecen poseer núcleos rocosos más masivos y resistentes como bien ejemplificó el célebre C/1995 O1 Hale-Bopp (Fig. 1).

 

Figura 1. El cometa Hale Bopp mostrando su cola de plasma (azul) y de polvo (amarilla). La brillante coma no permite estimar las dimensiones del núcleo del que se desprende ese polvo y gas. Fotografiado el 2 de abril de 1997 por J.M. Trigo (CSIC-IEEC)
Figura 1. El cometa Hale Bopp mostrando su cola de plasma (azul) y de polvo (amarilla). La brillante coma no permite estimar las dimensiones del núcleo del que se desprende ese polvo y gas. Fotografiado el 2 de abril de 1997 por J.M. Trigo (CSIC-IEEC)

Pues bien, el próximo domingo el cometa C/2013 A1 Siding Spring, uno de estos cometas inesperados que proceden de los lejanos confines de nuestro sistema planetario, batirá todos los récords conocidos al aproximarse a menos de 140.000 km del planeta rojo (Fig. 2).

Esa distancia es una tercera parte de lo que separa la Tierra de la Luna por lo que nos podemos hacer una idea de la intranquilidad que sentiríamos al conocer que un objeto similar se aproximase a nosotros con una velocidad relativa de 56 km/s. La verdad es que un encuentro de esas características no parece nada usual e incluso, dependiendo de la consistencia intrinseca y la propia estructura interna del cometa, podría conllevar su desintegración por el efecto marea del campo gravitatorio marciano.

Figura 2. Esquema orbital del encuentro del cometa Siding Spring con Marte (NASA).
Figura 2. Esquema orbital del encuentro del cometa Siding Spring con Marte (NASA).

Para cuantificar el peligro real de impacto con un cometa necesitaríamos conocer la masa y poder calcular la energía que tal objeto podría depositar en la atmósfera terrestre en un impacto directo. Pero los cometas, de nuevo, no nos lo pondrán nada fácil. De hecho, dada la dificultad intrínseca de estimar las dimensiones reales del núcleo de un cometa, ni siquiera sabemos el diámetro del cometa Siding Spring, siendo las estimaciones entre 1 y varias decenas de kilómetros.

Saldremos de dudas cuando las diferentes sondas en órbita marciana tomen la máxima información de este objeto, si bien han sido debidamente escudadas tras el planeta rojo. Se sabe que el cometa pasará razonablemente lejos de ellas pero es posible que el cometa vaya acompañado de toda una prole de fragmentos de muy diverso tamaño que son consecuencia de su progresiva sublimación al acercarse al Sol.

CUANTIFICANDO LA MAGNITUD DE UN IMPACTO COMETARIO CON LA TIERRA

Un impacto directo con la Tierra de un cometa de esas características resultaría fatal dado que produciría un cambio de era al estrellarse con una energía cinética extraordinaria. Para un cometa alcanzando la Tierra con la misma velocidad relativa del Siding Spring, un diámetro de 20 km y una densidad que fuese la mitad de la del agua el impacto depositaría una energía de 4 x 1022 Joules.

Esa energía generada en la colisión de un cometa como el Siding Spring con la Tierra sería millones de veces superior a la que depositó un asteroide o quizás un cometa de varias decenas de metros sobre la región de Tunguska en Siberia en 1908.

A fin de ejemplificarlo, podría decirse que el impacto de Tunguska fue a escala local y arrasó unos 2.200 km2 de taiga, aplastando e incinerando literalmente unos 80 millones de árboles. Una colisión millones de veces más energética desembocaría en una catástrofe a escala planetaria. Punto y final a una humanidad bastante más preocupada en otros quehaceres mundanos.

Figura 3. El cometa C/2013 A1 Siding Spring capturado por la cámara de campo ámplio del Telescopio Espacial Hubble. A la izquierda, la imagen original y a la derecha, la procesada para ver los chorros que se desprenden de las zonas activas del núcleo. Crédito: NASA, ESA, and J.-Y. Li (Planetary Science Institute)

Figura 3. El cometa C/2013 A1 Siding Spring capturado por la cámara de campo ámplio del Telescopio Espacial Hubble. A la izquierda, la imagen original y a la derecha, la procesada para ver los chorros que se desprenden de las zonas activas del núcleo. Crédito: NASA, ESA, and J.-Y. Li (Planetary Science Institute)

LA LECCIÓN QUE SE DEBERÍA EXTRAER DE ESTE AVISO

El encuentro fortuito del cometa C/2013 A1 Siding Spring con Marte nos debe hacer pensar. Hay aspectos del peligro de impacto de los cometas con la Tierra que todavía no están cuantificados. Pese a lo catastrófico que podría ser un encuentro así puede resultar grave que no se destinen más medios para conocer mejor estos cuerpos que pueden hacer peligrar nuestra propia existencia. Por ejemplo, todavía conocemos relativamente poco sobre las posibilidades de éxito si intentásemos destruir o desviar un cuerpo heterogéneo y de naturaleza extremadamente porosa como pensamos son los cometas (Holsapple, 2004).

Cierto es que en los últimos tiempos diversas misiones espaciales han tenido como objetivo la exploración de diversos cometas, como por ejemplo las sondas Stardust y Deep Impact de NASA o Rosetta de la Agencia Europea del Espacio (ESA) que a mediados de noviembre lanzará su lander Philae para posarse en la superficie del cometa 67P/Churyumov-Gerasimenko.

Sin embargo, todavía nos queda mucho para comprender aspectos sobre la estructura interna de los cometas y su intrínseca variabilidad en comportamiento. Por otro lado, la ausencia de análogos terrestres a los materiales que forman los cometas hace necesario que se desarrollen futuras misiones de recuperación de muestras y de paliación de un peligroso encuentro de un asteroide y cometa con la Tierra.

La Unión Europea claramente necesita una mayor apuesta por desarrollar ese tipo de tecnología en el marco del campo aeroespacial. Cabe emprender estudios meticulosos sobre estos objetos para ser capaces de enfrentarnos a estos peligrosos vagabundos del espacio.

REFERENCIAS

Holsapple K.A. (2004) About deflecting asteroids and comets. En Mitigation of Hazardous Comets and Asteroids. (eds.), Cambridge University Press, Reino Unido, pp. 113-140.

Ipatov S.I. y Mather J.C. (2007) Mitigation of comets to the terrestrial planets. En Near Earth Objects, our Celestial Neighbors: Opportunity and Risk. A. Milani, G. B. Balsecchi and D. Vokrouhlicky (eds.), IAU Symposium 236, Cambridge University Press, Reino Unido, pp. 55-64.

Trigo Rodríguez J.M. (2012) Las raíces cósmicas de la vida. Colección El espejo y la lámpara. Ediciones UAB, Barcelona, ISBN: 978-84-939695-2-3, 241 págs.

Fuente: http://www.investigacionyciencia.es/blogs/astronomia/45/posts/el-cometa-siding-spring-rozar-marte-12509